¿Pueden los golpes y los regaños severos causar algo en los niños?

Cada golpe y cada grito dejan huellas imborrables en los niños. Foto: tomada de freepik.com

Por: Taisuly González Cantillo

Cada día la tarea de los padres se vuelve un poco más dura, debido a las múltiples conductas que adoptan los niños con influencia de las nuevas alternativas comunicacionales que salen al mercado. No es nuevo que el rol de padres requiere de la toma de decisiones decisivas frente a los comportamientos de los hijos.

De hecho la mayoría de los papás piensan que lo más acertado para corregir actos de desobediencia son las reglas claras y establecer ciertos castigos para los más pequeños que puedan hacerlos reflexionar al respecto, como prohibirle hacer cosas que les gusten, quitarles sus juguetes favoritos o su pasatiempo preferido.

Sin embargo, existen otros que piensan que estas medidas son insuficientes e incluso desacertadas, y es por ello que deciden optar por el castigo físico como golpes, empujones y los gritos como método disciplinario para corregir a sus hijos, sin saber las consecuencias negativas que esto puede traer más adelante en el desarrollo de los niños.

Algunas de esas consecuencias son: limita la capacidad para resolver problemas, fomenta la actividad violenta como método valido para resolver dificultades, daña su autoestima, interrumpe sus procesos de aprendizaje y, así mismo, el desarrollo de su inteligencia y su emotividad, los impulsa a excluir el dialogo como medio para resolver sus conflictos e impide la comunicación entre padre e hijos, dañando los vínculos emocionales que se crean en esta relación, y por último, crea rabia, rencor y ganas de alejarse de sus hogares.

Tal como lo menciona El Tiempo, La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés), que reúne a más de 67.000 profesionales de la especialidad en ese país, es clara: el castigo corporal o el uso de azotes como herramienta disciplinaria a largo plazo aumenta la agresividad en los niños pequeños y es ineficaz para enseñar la responsabilidad y el autocontrol.

Incluso, existen muchos estudios que demuestran que los golpes y el maltrato excesivo pueden causar daño en el desarrollo normal del cerebro y de las conductas autónomas de los pequeños.

“La academia no sólo se centra en el castigo físico, sino también en el maltrato verbal a modo de humillación, pues varias investigaciones han demostrado que gritar a un niño o avergonzarlo puede elevar las hormonas del estrés y provocar cambios en la arquitectura del cerebro.” –El Tiempo, 08 de noviembre del 2018.

Debemos tener en cuenta que el castigo es una opción buena para reprender las acciones indebidas de nuestros hijos, pero si no se utiliza correctamente, pierde su efectividad. Aun así, el castigo debe ser el último recurso para evitar una determinada conducta. Como primer paso es conveniente mostrar al niño a través del dialogo lo que debe y lo que no debe hacer. De esta manera sabrá a qué atenerse.

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